Es común
que hoy en día se deje el trabajo en la oficina y la vida personal en la casa,
los problemas profesionales se olvidan en el camino a reencontrarse con la
familia y no se dejan afectar las relaciones “exteriores a la pega”. Sin embargo,
al intentar dormir en las noches es inevitable, para muchos, que los
pensamientos de cómo resolver el problema que deje pendiente vuelvan a nuestra
memoria.
Entonces,
¿es recomendable separar drásticamente el trabajo de la casa? Específicamente
en nuestro futuro quehacer como fonoaudiólogos las personas con quienes nos
relacionaremos, a quienes trataremos y cuidaremos pueden llegar a ser las
mismas que se acuesten bajo nuestro techo mañana, por lo tanto, debemos
mantener la misma actitud en todo ámbito de nuestras vidas: en el parque, en el
cine, en el metro, en la oficina y en la casa seguimos siendo la misma persona,
la misma que si alguien requiere de nuestra mano la tendrá, si una persona
necesita que le enseñen cómo se forman las oraciones o que le acomoden la
almohada, seremos el mismo que cocinaremos el almuerzo para el otro día.
La ética es
una constante en la vida de todos, sin darnos cuenta nos llenamos de códigos
que no debemos transgredir, hay cosas que no podemos hacer en ciertos lugares,
incluso temas de conversación que no se pueden mencionar en “la mesa”. Quizá
todo ello nos lleve a formarnos, yéndonos a nuestro quehacer laboral, en
“grandes y/o exitosos profesionales”, mas lo que nos interesa hoy en un mundo
materialista y superficial en el que nos sumergimos es, como dijo Albert
Einstein: “Procure no ser un hombre con éxito, sino un hombre con valores”.
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